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Aires españoles en Nueva York

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Es curioso como una canción, un olor, o incluso un sabor, pueden transportarte a otro lugar y a otro momento sin ni siquiera haberlo planeado. Por lo general mi lugar de destino suele ser casi siempre recuerdos de mi tierra natal, España. El olor del buen café por la mañana, los encuentros entre semana a última hora del día, y muchos más momentos que a veces es difícil no recordar. Y es que vivir en Nueva York es muy cool, pero eso no quita para que a veces los españoles que llevamos aquí un tiempo tengamos nuestros momentos de nostalgia. Y cuando la morriña llama a tu puerta estás perdido, se suele quedar aunque no la invites a pasar.

A pesar de estar al otro lado del océano, para esos moments of homesickness  (episodios de añoranza), hay siempre una solución. Generalmente, suele pasar por buscar su equivalente al estilo español en la gran manzana, y de ahí el porqué de este artículo: mis pequeños secretos para pasar un día a la española estando a casi 6.000 Km de tu casa.

Vivir en Nueva York tiene muchas cosas buenas, y otras no tan buenas. Sin duda, el momento más crítico son las tardes después de trabajar. Teniendo en cuenta que por lo general los estadounidenses tienen su cena entre las 6 y las 7 de la tarde, cuando las oficinas cierran todo el mundo vuela a casa. Los españoles, sencillamente, no sabemos encerrarnos en nuestro hogar después de un largo día en la oficina. Y tampoco somos buenos planeando esa cerveza post-trabajo con una semana de antelación.

En estos casos, una buena opción es pasarte por el restaurante Spain, en la West 13th Street. Se trata de un pequeño negocio, regentado por gallegos (Luis, de 81 años; y Julio, de 84) que llevan ubicados en esta calle desde 1966. Nada más entrar por la puerta te sentirás como en casa. Seguramente escucharás gente hablando en español mientras disfrutas de una cerveza española en la barra. Enseguida te vendrán a la cabeza esos bares españoles old style (estilo antiguo), situados en los pequeños pueblos de la periferia de las ciudades, donde el olor a frito se mezclaba con el humo de los cigarros, y en los que vayas a la hora que vayas, siempre hay gente conocida. Este lugar mantiene su autenticidad en pequeños detalles, como la cabina que hay situada cerca del baño y que todavía funciona, la cerveza que siempre va acompañada de una tapa, regalo de la casa; el camarero que sale a fumar cuando la clientela le da un descanso; y por supuesto, el método de pago más tradicional, aquí no se aceptan tarjetas de crédito.

La ubicación del restaurante Spain no es casualidad. En otros tiempos, éste fue nuestro barrio, el de los españoles emigrados a Nueva York en los años 50 y 60. Teníamos nuestro propio Little Spain, en el que sólo se hablaba español y se celebraban las fiestas tradicionales de nuestro país, como la de Santiago Apóstol. Las calles estaban atestadas de negocios españoles y en los cines las películas se escuchaban en castellano. Al principio, la mayoría de los habitantes de este barrio eran marineros gallegos y asturianos que regentaban sus negocios. Pero poco a poco, la población fue creciendo y afloraron nuevos negocios de diversa índole (sobre todo textiles). Hay expertos que aseguran que más de 15.000 españoles llegaron a vivir en este distrito. Pero la gran depresión truncó los planes de numerosos compatriotas que habían venido en busca del sueño americano. La gran caída económica hizo que muchos tuvieran que trasladarse a zonas más económicas de Nueva York, dando así lugar a la separación de la comunidad.

Paseando por esta calle todavía puedes encontrar nuestro sello en algunos edificios, como la Church of Our lady of Guadalupe (La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, construida en 1902), donde durante muchos años se celebraron bautizos, bodas y entierros de nuestros paisanos; o La Nacional (Spanish Benevolnet Society). Esta sociedad, sin ánimo de lucro, puede ser un gran aliado para muchos momentos de melancolía. Se trata de un colectivo, cuyo restaurante y sala de celebraciones se han convertido en el centro de encuentro de todos los españoles que residen en Nueva York. Desde aquí animan a sus equipos en los partidos de fútbol importantes, celebran la Navidad, despiden el año, celebran las fiestas patronales de nuestra tierra e incluso disfrutan de unas clases de Tango. Si entras en su página web descubrirás todo lo que tienen planeado para este 2017, como por ejemplo, sus clases de teatro en español. Dicen que por aquí pasaron grandes artistas, anónimos y no tan anónimos, como el escritor Federico García Lorca, o el director español Luis Buñuel durante su exilio en 1940, los artistas Pablo Picasso y Salvador Dalí; así como el poeta Antonio Machado. Si quieres saber más sobre La Nacional dedícale unas horas al documental que estrenó el director Artur Balder en el año 2014, en el muestra más de 300 fotografías inéditas acompañadas de testimonio de aquella época, de cuando éste, era un barrio de y para españoles.

Una de las cosas que más he echado de menos cuando he vivido en otros países es tener al alcance de la mano las tiendas de toda la vida. Sé que Nueva York es una de las primeras potencias mundiales en moda pero hay cosas, que para mí nunca cambiarán. Como por ejemplo, comprar en verano las típicas camisetas básicas a buen precio, el jersey liso que te saca de cualquier apuro, el colgante que sabes que es caballo ganador si tienes que hacer un regalo; en definitiva, las tiendas que encontrarías fácilmente en cualquier ciudad de España. También hay un plan a la española en la gran manzana para estos casos. Te sorprendería saber todas las marcas que ya tienen su lugar en este lado del Atlántico: Zara, Pretty Ballerinas, Mislitas, Tous, Jaime Mascaró, Agatha Ruiz de la Prada, Desigual, Mango, Hoss intropia, Camper, Gap y Uno de 50 son sólo algunas de ellas. Mucho de su éxito radica por los asequibles precios en medio de una ciudades más caras del mundo, así como una cierta calidad que hace que sean, como dicen aquí, un buen deal (trato, negocio).

Antes de salir de compras, seamos sinceros, ¿quién no ha quedado primero con su amiga en alguna cafetería para coger fuerzas antes del largo día? Si eres de Madrid, además, habrás acompañado el café con unos buenos churros recién hechos, iguales a los que encontrarás en la cafetería más española de Manhattan, La Churrería. Este café está localizada en el 284 de Mulberry Street. Su dueño es un español afincado en Nueva York desde hace casi 30 años, que quiso enseñar a los neoyorkinos los auténticos churros españoles. Para eso, compró en España la auténtica máquina con la que los reposteros trabajan en nuestra tierra y se la trajo a Nueva York. Los camareros que atienden al público hablan español y cada día la visitan clientes asiduos que llevan años desayunando aquí cada mañana. Mi consejo es que pruebes los clásicos churros con chocolate, y luego ya, experimentes con las versiones más americanas, como los Stuffed Churros (churros rellenos) o Cup Churros (taza de churros).

Lo bueno de ser español es que no importa donde vayas, siempre hay alguien dispuesto a ofrecerte un poquito de tu tierra. La tortilla de patatas, las croquetas, el flamenco, la sangría, la siesta, han sabido calar en la población del mundo entero. Nuestra fama nos precede, y eso es la mejor medicina contra la morriña, vayas donde vayas.

Escrito por: Mamen Sala, The Insider en Españoles en Nueva York 

Eva María Gomez Gomez

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