Billete 996

El blog de AirEuropa

Lima, el rincón de Perú por descubrir

Hay en el mundo una serie de destinos que suscitan un interés especial y siempre aparecen en el top de lugares a visitar. Uno de ellos es, sin duda alguna, Perú. Ese rincón sudamericano presenta como aval un abanico de maravillas como Machu Picchu, Cuzco, las líneas de Nazca, el lago Titicaca o la región amazónica, entre otras muchas. Pero lo más habitual, si viajas hasta allí desde España, es que lo hagas a través de Lima (Air Europa tiene vuelo) que, pese a ser la capital, aparece un poco como el pariente pobre.

Y no lo es en absoluto. Lima, la ciudad más grande del país, acumula atractivos suficientes como para que le dediques tu atención durante al menos dos o tres días. Encontrarás tantas cosas interesantes, tanto patrimonio monumental, tanta delicia gastronómica, tantas experiencias en suma, que puede que incluso necesites más tiempo.

¿De qué hablamos exactamente si Lima carece de ruinas arqueológicas? Primer error. En efecto, la capital fue fundada en 1535 por Francisco Pizarro (que originalmente la llamó Ciudad de los Reyes, por ser un 6 de enero), pero lo hizo sobre un asentamiento inca previo, dada la cercanía de una bahía natural excelente para construir un puerto (lo que hoy es El Callao).

No sólo eso sin que en los alrededores de Lima se pueden visitar diversos yacimientos indígenas, como los de Pachacámac, Puruchuco, Cajamarquilla, Maranga, Huallamarca, Ancón o Marcahuasi. No está mal, aunque si quieres imbuirte de la historia prehispana durante tu visita deberías acercarte a museos ad hoc como el de la Nación o el Nacional de Antropología y Arqueología.

No son los únicos sobre el tema de la historia peruana; también lo tratan el Museo del Oro, el Rafael Larco Herrera y el Amano. Incluso, de refilón, especializándose en aspectos más concretos, el de Arte, el Nacional de la Cultura Peruana y el de la Inquisición.

Pero fue la presencia española a lo largo de casi tres siglos la que ha dejado una poderosa huella. Empezando, claro, por la propia disposición urbana, de plano en cuadrícula, con un epicentro en la Plaza de Armas, el sitio más turístico, donde se hallan algunas de las cosas más visitadas.

Hablamos de la Catedral barroca, reconstruida tras el terrible terremoto de 1746 y en la que reposan los restos mortales de Pizarro. O de los palacios de Gobierno (antigua residencia del conquistador, en cuyo patio hay un espectacular cambio de guardia a mediodía) y Municipal y Arzobispal. Las seña de identidad propia de la plaza son los exquisitos balcones de madera tallada.

Hay más palacios y casonas repartidas por el callejero limeño, caso del Torre Tagle (actual Ministerio de Exteriores), San Marcos o el Oidor, entre otros. Pero llega el turno de citar iglesias, de las que se puede visitar un buen número, a menudo asociadas a preciosos conventos.

Es el caso de la de San Francisco (atención a sus impresionantes catacumbas, con decenas de miles de personas inhumadas), la de Santo Domingo (donde reposan Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres) o La Merced (en la que San Martín, que por cierto tiene su propia plaza con estatua ecuestre, proclamó la independencia).

¿Otras igualmente interesantes? Quizá el Santuario del Señor de los Milagros, punto de partida de una de las procesiones religiosas más multitudinarias del mundo o el de Santa Rosa de Lima, casa natal de la que fue la primera santa de América.

¿Se puede ampliar la agenda de visitas? Claro que sí: yendo a ver lo más destacado de algunos barrios, como el Rímac (zona criolla en la que se ubican la plaza de toros de Acho -de 1768- y la Alameda de los Descalzos), Miraflores (comercial, elegante, lleno de restaurantes y bares) o el citado El Callao (donde se pueden visitar la Fortaleza del Real Felipe, museo militar, o el submarino BAP Abtao).

Como ves, Lima tiene muchas más cosas que ofrecerte de lo que creías. Y lo hará, muy probablemente, con una copa de Pisco Sour en la mano.

Air Europa

Publica un comentario

Los comentarios están moderados