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El blog de AirEuropa

26 octubre 2015

Homenaje al primer avión de lujo, el Clipper


Aunque cruzar el Atlántico hoy en día se ha convertido en algo habitual y cada día cientos de aviones vuelan rutas entre América y Europa o África, hace algunas décadas era una travesía reservada para unos pocos.  Un hidroavión hizo posible los vuelos comerciales transatlánticos y hoy lo recordamos.

El Boeing 314 Clipper fue el primer avión del mundo de fuselaje ancho y el primero en ofrecer un servicio de lujo a bordo y es, sin duda, uno de los aviones más admirados por los aerotrastornados.

Fabricado en el continente estadounidense, se convirtió en la primera aeronave que cruzaba el Atlántico ofreciendo una clase de lujo. Con una longitud de casi 33 metros y unas alas con una superficie de 233m2, alcanzaba una velocidad máxima de 311km/h, disponía de 6.000km de autonomía, todo un milagro si pensamos que en aquella época los recursos tecnológicos eran mucho más limitados.

Cada unidad tenía un coste aproximado de un millón de dólares de la época y se llegaron a fabricar más de doce unidades para uso comercial. La primer fue entregada en el año 1939 e inició su primer vuelo desde Seattle bajo el mando del Comandante Gray. Fue bautizado como Yankee Clipper por Eleanor Roosvelt el 3 de marzo de 1939, realizaba los vuelos intercontinentales con diez componentes de la tripulación y 74 pasajeros a bordo que disfrutaban de comodidades impensables en ningún otro vuelo de la época.

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El hidroavión se componía de diferentes áreas en las que los pasajeros podían pasar las horas de vuelo entre destino y destino de una manera cómoda, entretenida y con las mismas comodidades que un hotel o buque de la época.

Si viajábamos en el Clipper podíamos encontrar un compartimento para pasajeros que se convertía en comedor o en literas con cortinas separadoras para el descanso de los viajeros. Un auténtico puzle multifunción con todos los detalles para ofrecer un servicio de cinco estrellas.

Otro de los datos que nos demuestra el valor de este innovador aparato para su época, era la mínima existencia de accidentes ya que durante su historia solo tuvo un trágico acontecimiento en el año 1943 a causa del “efecto espejo” que traicionó al comandante. El capitán Sullivan que fue sorprendido en plena oscuridad por la cercanía del avión al mar durante el intento de amerizaje en el río Tagus, en Lisboa, pero sin tiempo de reacción una de las alas del aparato rozó desafortunadamente el agua, provocando así la inestabilidad y choque directo contra el agua.

La historia de las pocas unidades que quedaban de este histórico hidroavión acabó en manos inglesas, comprados por la compañía British Airways en el 1943.

Hoy en día es difícil superar algún récord, ya casi todo está inventado y las compañías aéreas cada día son capaces de ofrecer más servicios y comodidades para hacer que las nubes sean nuestra casa. Conexión WiFi a bordo, disfrutar del mejor menú, del mejor descanso y de una ducha a miles de metros de altura ya es el día a día para muchos pasajeros.

Pero obtener ese servicio a bordo de un avión con la tecnología y conocimientos de hace 60 años es una auténtica hazaña que, sin duda merece un gran respeto, consideración y valor, tanto por los mecánicos e ingenieros como por los valientes comandantes que con las mínimas herramientas de navegación cruzaban el mundo. Valientes que han allanado el camino al mundo aeronáutico actual.

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